Un terrible mal se expande en el aire, bruma que ahoga, asfixia, tanto que te usurpa irremisiblemente apoderándose de tu ser. Nadie sabe cómo atajarla, te engancha, te domina, te flagela, te usa, te expulsa, y ya no vuelves a ser el mismo. No hay solución. Ya han caído unos cuantos, y los que caerán, porque sigue en la atmosfera. Te recorre las venas, se hace contigo, no valen las vanas escusas, pasas a ser ese que otros quieren que seas. Dominación. Sumisión. Liberación. Al héroe verde y al cancerbero se los llevó esa maldita niebla que nos persigue. El hormiga salió lanzado, rebotado por la nube blanca antes siquiera de ser parte de la hermandad. Ojo¡¡ el araña está más allá que acá, cuasi atrapado por el dulce aroma florar que desprende esta envolvente calina. Que lista, que inteligente, usa de sus mejores recursos. Parece que no hay nada que hacer. Sensación de rendimiento, desnutrición a pesar de tanta comida en el quinto día de la semana. Su mimetismo no tiene igual, ahora se mezcla con su hermana transparente, ésta continua sus pasos, ha comenzado a infectar los mares, el pirata sendea en círculo más que rema y la zanca buena de pata palo se afloja renqueante. Perdición. A la espera de quién será el siguiente, todos miran hacia la fiesta nacional. Gritan al matador. Huyamos del magnetismo de estos poderosos brumales.¡¡Por fin!! Hemos llegado, estamos a salvo, aquí dentro no nos puede contagiar, en grupo nos sentimos unidos, un poco más libres, el Molinón fue ayer nuestro refugio. Bailamos. A Finito se le disculpa, su golpe fue de guerra, entre alberos y Keralas lo dejaron zaherido. El Champán galo es lo que tiene. En la sidrería comimos lo que quisimos de lo que se nos ofreció. Conocemos el garito, sabemos dónde estamos. Percibimos ese mix de camisetas con el Manero de la fiebre en pose. Choricitos a la sidra, chistorra del infierno, patatas al cabrales, buñuelos de bacalao, berberechos al vapor, albóndigas de carne en su salsa, calamar entero, regado con 11 heinekens y 3 botellas de su sidra, después algunos postres, Iceman su tocinito de cielo, Fredy y Quiet un arroz con leche, el resto tomamos parte de un platito de leche frita con helado de vainilla, Pepoye se reservó pasando al café con su chupito de pacharán. Cafés y licores. Y como casi siempre nadie se libró de los 25 €, en esta caso 26 €, sea con o sin menú, a los que el ágape y las bebidas nos suele salir. Va por gustos. Red Devil lo pasó bien. En el Marrasquino algunos pusimos la guinda. Caipiriña para hacer la digestión. Sostenida conversación, y pasadas las cinco se levanta la sesión. La amenaza continúa. El peligro está ahí fuera. La neblina es perseverante y caprichosa, atrapa, y es muy, muy contagiosa...
Red Devil.
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