LA CUCÚRBITA.
Raúl tenía razón, Ahmed era inocente. Pero el recurso no prosperó, le cayó una perversa condena. Año y dos un meses de prisión por un delito que si bien cometió, la justicia no le compadeció en su acción. Ni siquiera ante la superioridad colegiada. Ningún voto particular. El condenado forzó la verja, rompió la puerta donde se encontraban los aperos, una vez allí buscó un instrumento filoso; el día estaba nublado como su ser, ni el hambre ni su famélico estado sirvieron de excusa, salió al campo con navaja en mano, trincó el cuerpo del delito y huyó lejos, ya en calma, bajo un puente y sin miramiento se lo fue echando, ávido, a la boca. Digna de entre las cucurbitáceas la calabaza tomada frenó la gana de africano afligiendo su suerte, por voluntad de la providencia un 31 de octubre, día de todos los santos.
(Presentado al concurso de Microrelatos del CGAE, mes de noviembre, no sé si lo envié bien, en cualquier caso, dudo de su selección a la vista de los calificados -palabras que ha de contener con un máximo de 150, son: calabaza, inocente, recurso, puente, nublado.)
RED DEVIL.
MALOGRADO POR EL ALBUR
Por Red Devil (JIR)
Entré muy probo en la sala de vistas. La custodiaban un conjunto de ilustres togados con sus garnachas negras al igual que la mía. El juicio calentaba motores conducido por su señoría de pelo bermejo, su fama de intratable le precedía. En su juzgado respiraban acojono hasta los microbios del lugar. Mi bufete no daba un duro por el asunto. El oidor estaba irascible. Con rostro enrojecido y gesto arisco atendía el parlamento del vocero. Los causídicos se miraban perplejos ante la reprimenda que le expelió. Mis sentidos quedaron absortos hacia el colérico enjuiciador, a excepción de la vista que quedó clavada en la figura encogida del otro indeliberado defensor, que absorbía impurezas como esponja de baño. Todo marchó allende. El psicopombo rondaba el recinto. Al día siguiente una monumental ventanilla sobresalía entre las titulares de prensa. Fallece juez al pie de su juzgado.
Enviado al Concurso de Microrrelatos CGAE el 11/2/10.
COSAS QUE PASAN
Por Quiet Man (JMA)
A escasos segundos de la hora fijada para el juicio, el tipo aquél bajaba la ventanilla del taxi para decirle a su procurata –Manoloooo, dí que me espereeen! Un tío moderno, pensé. Aún tuvo que apartar, entre el coche y las puertas del edificio principal de los Juzgados, a un grupo de melenudos tocando Jazz en apoyo-protesta del hombre al que se disponía a defender. Yo, que ese día me tocaba acusar, lo ví todo desde la cristalera. Hubiera jurado que podía tratarse perfectamente de una película. Una vez en la Sala, entró el acusado; abrigo viejo, gorro, bufanda… y cuando se hubo quitado todo, resultó ser un tal Allen –director de cine americano mundialmente conocido-. El fiscal, a la sazón ex socio de un gran bufete, ahí se quedó, agilipollado con la sonrisa del Bob Esponja ese que sale en la tele. A veces, la realidad supera la ficción.
Enviado al Concurso de Microrrelatos CGAE el 11/2/10