Los treinta euros del Tapelia bien valieron la comida. A excepción del arácnido hubo pleno, henchido en compañía, en tertulia, en privacidad. Perfecto. Como los caballeros del rey Arturo, todos alrededor de la mesa, que por redonda aún fue mejor. La tarde sería alargada. Por lo menos para unos cuantos. El Pirata, ron, ron, botellas de ron, nos enroló en su gabarra. Y el primer desembarque, para ir haciendo boca, en apenas cincuenta metros. Cayó la primera, pero de cristal verde y liquido rondelado y burbujeante. Freddy y Pepoye, prefirieron darse un copazo de rojas endrinas. La segunda cayó nada más arribar al Bali. Excelente, de las cavas de Pago de Tarsis, que se le conoce como el “único”. Una vez comenzada la cata iba ser una pena quedarse solo con la unidad. Cayó la segunda. También de cava único, e iba oscureciendo. La tertulia estaba muy animada. Era el día de un Freddy muy locuaz. Lo vimos entrar y casi al salir se reunió con nosotros. Se lio a platicar con otro de nuestra profesión con el que se topo. Y en eso llegó Pata Palo, brindando con cervezas, el bucanero prefiere la rubia. 18 meses de crianza en la bodega, de color amarillo verdoso, brillante, con abundantes burbujas, de la variedad de uva bobal, un cava ideal para tomar en tan grata compañía. Cayó la tercera. Inteligente la negociación del filibustero. La saco por la mitad. Melenín, seguía firme, ágil y sin balbucear. Pero, llaman las señoras, es hora de cenar. Nos hala vamos. Es un viernes seudo-completo.