lunes, 22 de noviembre de 2010

La Cucúrbita.

Raúl tenía razón, Ahmed era inocente. Pero el recurso no prosperó, le cayó una perversa condena. Año y dos un meses de prisión por un delito que si bien cometió, la justicia no le compadeció en su acción. Ni siquiera ante la superioridad colegiada. Ningún voto particular. El condenado forzó la verja, rompió la puerta donde se encontraban los aperos, una vez allí buscó un instrumento filoso; el día estaba nublado como su ser, ni el hambre ni su famélico estado sirvieron de excusa, salió al campo con navaja en mano, trincó el cuerpo del delito y huyó lejos, ya en calma, bajo un puente y sin miramiento se lo fue echando, ávido, a la boca. Digna de entre las cucurbitáceas la calabaza tomada frenó la gana de africano afligiendo su suerte, por voluntad de la providencia un 31 de octubre, día de todos los santos.

(Presentado al concurso de Microrelatos del CGAE, mes de noviembre, no sé si lo envié bien, en cualquier caso, dudo de su selección a la vista de los calificados -palabras que ha de contener con un máximo de 150, son: calabaza, inocente, recurso, puente, nublado.)

RED DEVIL.

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