Y al séptimo día resucitaron. El grillo regresó mutado de la región italiana de Tarento, se trajo de nuevo sus ocho patas y una picadura letal, a un ritmo resuelto el grillo abandonó su cantó y se trasformó en araña, más grande si cabe. La danza de la Tarántula, animada por su compañero de equipo recordaba la Tarantela, bailaba con tics hipnóticos de un extremo a otro de la pista. No fue la única mutación, de siervo a señor en pocos días, plantó a su servidor, renunció a su bandeja de barman para convertirla en un escudo de guerrero de Itaca. Resurgió la estirpe. De lacayo ascendió a Marqueset. Cambió la suerte, varió la estrategia, nada fue favorable al equipo contrario. Los ángeles celestiales se encargaron de aguar la fiesta a Red Devil, y un día en la barbería valió para recortar los pelambres del Melenin, sin la agresividad heavy del anterior match. Su cabello mudó de aires, de salvaje y largo como el dios Thor, cambió al estilo militar, corto, al cepillo. Ni el diablo ni el rockero se aliaron con la diosa fortuna que les dio la espalda. El juego de gran nivel solo se decantará de uno u otro lado por pequeños matices. Solo puede quedar uno, como en los Immortales, el mejor de cinco. Las espadas están en alto. Ambas parejas están igualadas a uno, la semana que viene será decisiva.
sábado, 18 de septiembre de 2010
MUERTE Y RESURECCIÓN
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