lunes, 3 de mayo de 2010

Un aperitivo para la jornada lúdica del viernes. Por Red Devil.

A la velocidad del la luz, al anochecer, cuatro monoplazas espaciales se dieron fuga del planeta Iustitia destino a unos de los dominios gastronómico-lúdicos de tierras de Valencia. Melenín oriundo del asteroide Alopecius fue el primero en aterrizar, gestionó la huida de los cuatro mozos mutantes para darse cita en un local colateral a la antigua Avenida Jose Antonio, llamado Appetite, que el mismo concertó. Casi de la mano se posó su hermano de leche, el pequeño Marqueset salido del satélite Highsociety; después llegaron los otros dos rebeldes, El Pirata marcado con los aires chulescos de su patria Torrentium y Red Devil más azotado por el cansancio en batalla legal que otras veces, sin dar lustre al planeta Jabba el Hut de su origen. Allí el cuarteto de héroes pertenecientes a la gloriosa Liga Gastronómico Lúdico-Copera de los viernes, disfrutaron de una noble cata de vinos de uva de las heredades de Almansa. El sumiller entregado a su discurso iba publicitando sus atraídos caldos, dos blancos y dos tintos. Mucho más alcohol que propiedad emanaban los licores del excelso Baco. No tardó en dar fruto, risas, muchas risas entre alabanzas al Inter por su victoria futbolística, así copa al viento levantaba de nosotros, Melenín madridista al que seguía el Pirata, también merengue, y el resto, no iban a ser menos. Concluida la cata tras una hora de latoso discurso del prodigado experto, llegaron los manjares culinarios. Platos al centro para compartir, fueron cayendo uno a uno, pulpo en salsa, ensalada verde con jamón, cochinillo etc., todos regados con vino tinto y pan, numeroso pan ensartado con tomatitos, de postre gozos de chocolate; hubiera hecho falta más manduca con que aplacar el desfile de alcohol en sangre de un tinto que si bueno no hubiese perturbado a esa nuestra neurona tonta. De los fogones salió una simpática oriental para documentar con flashes la velada. Algo tocados en estomago y talento, pasada la media noche y satisfecha una cuenta de 30 € por cabeza, los cluberos, entre más risotadas se tele-transportaron a la hacienda del Bali. Demasiado macho y poca hembra invadía la estancia del jueves noche. Una lástima para los que no tenían que dar explicaciones. Los cuatro dando título a su poderoso carácter siguieron cuidando su cuerpo con algunas ambrosías, ajenos a los vigilantes nocturnos que se podían encontrar de regreso a sus respectivas estaciones interplanetarias. Una noche del jueves que fue dulce aperitivo de lo que sería un prolongado día de viernes 30 de abril.

No hay comentarios:

Publicar un comentario