lunes, 8 de febrero de 2010

Cuaderno de Bitácora. Memoria del Club día 5/2/10. Diablo Rojo.

La jornada vino precedida de anunciadas ausencias y un caso de omisión. La colectividad encontró otros menesteres, justificados o no, eso es lo de menos. Llegó la hora de siempre y allí estaban. Por la puerta del Albero, cabellera al viento asomó primero el Melenín, vestido de modernidad, lozana juventud y desamarrando virilidad, junto a él, más peripuesto de lo normal en ese día, con abrigo y corbata llamativa, le acompañaba el Marqueset, entraron a propulsión, no en vano llegaban con demora, el match anterior los retraso. El Melenin se hizo con el partido. Ni las bolas buenas cantadas fuera lo impidieron. Por seguro que la cosa no quedará así. El duelo entre ambos se cobra siempre una tremenda competitividad. La taberna rebosaba de gentío. Vino, cerveza, jamoncito y papas, ágiles avistaron al Diablo Rojo sentado en una mesa con más tropa. Tras el saludo de rigor los dos hincaron la vista en el bellezón del tablero. Morena, alta, un lujo de mujer, no sólo en palabras del Marqueset. La secre del despacho del espadachín está para mojar pan. Se pidieron dos rubias que tragaron con rapidez mientras el Diablo remataba la última. En este día eran el arpón de nuestro Club. No estaban los que son pero había los que eran. Un sólido tridente. Olvidaron por completo El Coral y anduvieron a otra nueva iniciativa gastronómica. Un local que anteriormente fue un italiano, enfrente del Registro Mercantil. ¿Su nombre? ¡Maldita amnesia¡ Nos sirvieron con amabilidad aunque ciertamente bisoños e inocentes en restauración. El cambio estuvo bien. Mesoneros ajenos a nuestra conversación. Cerveza, tinto valenciano, un primer planto ligero, ensalada salteada de queso blanco con anchoas, un segundo hondo de arroz con pollo caldoso, bueno sin llegar a ser el de la abuela, y para finalizar postre al gusto, naranjas preparadas y helado de turrón montado sobre una especie de tarta de manzana, excelente el último. No hubo susto en la postrimería. El monto alcanzo dieciocho euros. Entre plática con anécdotas de música, películas, libros, la recomendación de un texto sobre filosofía en clave de humor titulado Platón y un ornitorrinco entran en un bar, y como no también de derecho, el viaje, como no podía ser de otra forma continuó hacia el Bagoas, unas copas, y el clásico gin hasta alzar el vuelo. El Diablo Rojo marchó a su sucursal dejando el tridente en anzuelo, vigoroso pero de dos dientes. El ángel grana empieza a dudar de su apuesta.

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